Un día, sin previo aviso, te levantas y pasa. Explotas. Llega el momento de soltar todos tus monstruos, porque dentro queman. Porque dentro te han matado demasiado. Llega el momento de explotar, de llorar, de confesar, de morir en forma de lágrimas saladas. Hacen demasiado daño, duele suficiente, no me veo capaz de seguir soportando esto. No puedo más. Yo siempre he sido partidaria de los secretos, si ni tú mismo has sido capaz de guardar un secreto, no esperes que otros lo hagan por ti, nos constituyen, nos hacen personas... Pero ningún ser humano es capaz de guardar un secreto tanto tiempo. No estamos preparados para ello, por mucho que yo me esfuerce en que sí. No estoy preparada pero tampoco estoy segura de ser capaz de soportar el contarlo. Tampoco estoy segura de saber hacerlo. Ni de que me crean cuando lo haga. Necesito saber sobre seguro, que no se irán de mi lado, que me ayudarán a salir de esta. Necesito saber que mi secreto no seguirá haciéndome daño. No estoy segura de nada, pero aún así ha llegado el día de contarlo, de salir, de dejar de esconderme. Ha llegado el día de dejar de ser débil y conventirme en fuerte.
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