Es curioso como tendemos a creer que todo tiempo pasado fue mejor por el hecho de permanecer en el pasado. La culpa es de las fotografías. Cuando te hacen una foto te dicen que sonrías, que te cubras con una máscara ante el hecho de guardar un recuerdo. Así, claro, todo recuerdo es siempre mejor. Si nos mostráramos en las fotografías tal y como nos sentimos en ese momento todo esto sería mucho más autentico. Realmente crearíamos verdaderos recuerdos. Porque está claro, no todos los recuerdos son bonitos, por mucho que nos esforcemos en recordarles como tal. Las sonrisas son bonitas porque ocultan la realidad, pero la realidad es realmente eso, lo real. Las sonrisas son mentiras que nos esforzamos en crear para hacer creer que todo marcha bien, que todo va sobre ruedas. La clave está en encontrar a alguien a quien no te haga falta engañar a diario. Eso, creo, sería la meta a la que quiero llegar algún día. Al punto en el cual no me de vergüenza mostrarme tal y como soy realmente, y no tras máscaras de sonrisas pintadas. No tras fotografías de tiempos pasados siempre felices. Así, por supuesto, daría gusto hacerse fotos. Porque no todo es siempre bonito, de color de rosa, ni de color azul. A veces hay que saber mirar hacia atrás, hacia los verdaderos recuerdos. Hacia las decisiones que nos hicieron ser lo que somos hoy. Y reflexionar si estuvimos en lo cierto, si no, y por qué. Porque nuestro motivos tendríamos, de eso estoy segura. Mis motivos tendría para estar donde estoy ahora. Y no me arrepiento por eso mismo, a pesar de que en las fotos siempre sonría.
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