Ayer, viendo un vídeo de un
amigo, salió el tema de dar y recibir. Bueno, no salió, él sacó el tema, y me
hizo pensar bastante sobre todo. No sé, me pareció curioso. Él decía que nunca
se da lo que se recibe, que cuánto más das menos recibes. Creo que tiene razón.
El karma se ajusta injustamente algunas veces, por mucho que me esfuerce en
creer que es justo. A veces cuando das mucho no recibes casi nada. Y esto es
así. Tendemos a creer que depende exclusivamente del trabajo y el esfuerzo,
pero también influye un tercer factor: la suerte. La suerte influye mucho en
todo, y como ya hablé una vez sobre este tema no voy a enrollarme de nuevo. Todos
tenemos un número finito de suerte.
Algunos mayor que otros, pero eso no quita que no tengamos. Por eso me gusta
pensar que si no tienes éxito en tal o en cual, será porque la suerte está
esperando otra oportunidad mayor. Lo sé, un sentimiento optimista en mí. EN MÍ.
Quizá el fin del mundo esté cerca. La cosa es no rendirse nunca, no dejar de
pelear. Luchar por lo que quieres, aunque suene cursi, porque sólo vas a vivir
una vez. Y porque si ya te joden suficientes cosas en esta vida, no permitas
que te sigan fastidiando, compensa la balanza. Haz algo por lo que merezca la
pena levantarse por las mañanas. Pero haz algo por ti, por tu propia felicidad.
Hazlo por ti mismo, porque te complementa. Y si no
consigues el éxito merecido no importa, porque lo estás haciendo por ti, porque
estás luchando por tu día a día, por tus ganas de seguir respirando. Encuentra
lo que te motive y síguelo como si no hubiera un mañana, céntrate en eso y disfrútalo.
Vívelo. Siéntelo. Haz que forme parte de ti. El reconocimiento llegará solo, y,
si así está escrito, la suerte te acompañará todo el camino. Compensa la balanza, ajústate a la vida, aunque esta no sea justa.
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