sábado, 20 de febrero de 2016

Querido Sistema Educativo,

Buenas noches, mi nombre es Blanca, y escribo de parte de todos los menores de edad indignados y sin voz del mundo. Escribo de parte de todos los estudiantes que forman parte del sistema educativo español. 

Quisiera hacer una petición, colocar una queja en el buzón de sugerencias completamente necesaria y urgente para hoy. Me he visto censurada en todos los aspectos al momento de dar la cara, un paso adelante y exponer verdades como templos (ya sea en mi instituto, en mi casa, en mis redes sociales y en la calle), pero esta vez no conseguiréis hacerme callar. Es respecto al tema de, en general, el sistema educativo de este país que se da a día hoy, 2016, en una época evolucionada de un país del ''primer mundo''. Permitanme que dude igual que dudé hace un año, y hace dos, y hace tres. Como dudamos y hemos dudado todos los años que hemos vivido mi generación.
Porque aunque traten de reformar, y reformar, y reformar, y cambiar, y engañarnos en la puta cara (como si fuéramos tan simplones como cualquiera)... ¡no consiguen más que sorprendernos con cada movimiento! Es completamente increíble y tremendamente indignante: cada día la cagan más.

¿En qué coño están pensando?

Comencemos por el principio: describamos, pues, la situación actual. No sabría casi ni por dónde empezar... El profesorado consta en un 85% (90, me atrevería a apostar) de trabajadores resignados, infelices y amargados que casi parecen colocados ahí por obligación. Hasta hoy creo no haber conocido más que a dos o tres profesores que realmente se dedican a la enseñanza por pasión y vocación. Funcionarios enchufados por todas partes, cansados de niñatos, del temario, de su entorno y de trabajar. ¿Queréis realmente que esta panda de resentidos moldeen las mentes de la próxima generación del país? 
El temario, la división, la evaluación, el contenido exigido, la manera de evaluarlo, la cantidad, el tiempo, la presión, la forma expuesta, las notas de corte, las fechas, las fechas de recuperación, la censura, el nivel según profesor, el nivel de la evaluación nacional, el nivel del curso... Me faltan dedos para contar todos los motivos que tenemos cada uno de los estudiantes para tirar la toalla al segundo día de clase. Es sorprendente, por parte de todos, la cantidad de alumnos que siguen aún cursando segundo de bachiller conmigo, y en tantas otras clases, institutos, provincias y comunidades de España. ¿Me estáis intentando vender, en serio, que es ciertamente chocante el porcentaje de abandono escolar en este país? ¡Por favor! ¡Por Dios Bendito, más bien! ¿Estáis intentando reíros en nuestra puñetera cara de una manera tan descarada? ¡¿De verdad?!

¡Líderes de la Unión Europea, señores! ¡Veintidós alumnos de cada cien exclusivamente! Con un poco de esfuerzo conseguiremos superar nuestra gran medalla de platino en obesidad infantil, ¡no nos centremos solo en paro y corrupción!

Estoy cursando en este momento segundo de bachillerato, como ya he dicho antes, y en mi instituto llevo, hoy, un mes justo de exámenes. Un mes de exámenes sin interrupción. Me quedan dos semanas, aún diez convocatorias, sin contar recuperaciones, trabajos y libros de lectura: y curso, de hecho, ocho asignaturas (reducidas por vuestro maravilloso sistema). Este único trimestre (teniendo en cuenta el nivel del último curso de instituto, la preparatoria a la universidad), me he evaluado de doce pruebas. Aún me quedan diez, repito, sin contar nada más. Llevo metida en casa, no teniendo en cuenta las mañanas de clase, cuatro semanas ya. Octubre y noviembre fueron más de lo mismo, y hasta junio supongo que espera cosa igual. No tengo tiempo de realizar actividades, salir con amigos, relacionarme ni casi dormir. No hablemos pues de hobbies, descansos u ocio; estaría esto fuera de lugar, teniendo ya diecisiete años mi vida está destinada únicamente a los estudios.

¿Se sorprenden? Qué extraño, porque es algo habitual. El trimestre pasado me examiné de veintitrés convocatorias, tengo todas las fechas apuntadas en la agenda. Tengo pruebas de sobra para recriminar que el temario de este curso no es humano. La manera de evaluarlo no es humana. El trato no es humano. El margen de tiempo no es humano. La presión y el nivel no son humanos. Segundo de bachillerato entero no es humano. El maltrato psicológico, la ansiedad, el miedo irracional, la opresión exagerada, la carga,  la frustración continua y la asfixia NO son justificación. Estamos cansados de escuchar siempre lo mismo: la educación no es una tortura, es un placer.

Suena extraño e inusual, ahora nadie lo ve así. Aprender dejó de ser un privilegio y una condescendencia propia hace más tiempo del que nos gustaría reconocer.

Actualmente cursar el último grado de bachiller suena casi a sinónimo de academia militar. Tengo amigos que ahora estudian en la universidad (supervivientes, y tremendamente orgullosa de ellos) y que, a base de apuntes copiados de compañeros y faltas injustificadas que se quedan en el olvido, solamente se han expuesto a una (¡o dos a lo mucho!) semanas de evaluaciones. ¿Quince días de estudio aquel que no lo lleva del todo bien? ¡Lo normal, me parece! ¡Lo que se debe exigir! Y en este cuatrimestre empezando otras cinco asignaturas diferentes, ¿que ha quedado alguna? Se espera a la recuperación y ahí se mira a ver si se saca o no. Trabajo al Word y exposiciones de Power Point, demostraciones de que se sigue el temario de clase.
¿Pero y como es entonces que todo cambia tanto en solamente un año? En bachillerato eres un expediente; eres un examen de PAU. Estás aquí para que te exijan en torno a quince-veinte temas por asignatura embutidos en un examen de hora y media y sin presión: solamente el futuro que has decidido elegir con dieciocho años depende de esto. ESTÁS AQUÍ PARA APROBAR Y PASAR DE CURSO. Hablemos de ocho meses (o menos quizá) y tratemos de memorizar unos 1200 folios bien cargaditos de definiciones y apartados que, para ti, por vivir con este sistema y ''aprender'' de esta manera, resultarán completamente inútiles para la posteridad. 

''Cuando eres joven es cuando mejor vives'', ''Ya sabes, es lo que toca'', ''De qué te quejas tanto... dando letras en el insituto'', ''No sabes tú lo que es trabajar...'' es a lo que estamos acostumbrados los jóvenes a escuchar día sí y día también.
Porque no; no me hago ni idea, pero ni pizca, de lo que serían ocho horas (¡solo ocho! ¡solo ocho en un día, y en casa puedes descansar!) remuneradas con contratos, derechos y vacaciones de verdad.

Políticos del país, completos idiotas (etimología griega): no nos estáis enseñando a aprender... no estamos aprendiendo nada. A día de hoy, tras cinco meses de curso, no he retenido ni un solo dato en todo el curso. Apuesto las dos manos y el pie derecho a que a principios de julio ni siquiera recuerdo el último apartado del temario del último examen del que me evalué. PERO NO YO, NO SOLO YO, me río si son capaces de pensar eso. ESTÁN USTEDES CREANDO INÚTILES CON CAPACIDAD LIMITADA DE RETENCIÓN MEMORÍSTICA. NO ESTÁN CONSTRUYENDO FUTURO, ESTÁN ALIMENTANDO UNA CULTURA AUTODESTRUCTIVA; UNA GENERACIÓN FUTURA DESTINADA AL FRACASO TOTAL.

No tengo otra manera de repetirlo, porque (a no ser que sea en mayúscula) ya ni siquiera tengo derecho a gritar.

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