Mencionamos ríos como corrientes pasajeras de barro y lluvia con principio y fin. Arterias fluviales que transportan vida dentro y en sus orillas, repletas de salidas y entradas. Masas conjuntas, uniformes, con nombre propio, navegables por dentro y por fuera, saciadores totales de sed. Cambio.
Mencionamos ríos como concepto único y universal, inmutable, invariable e intrascendental, pero no mencionamos metáfora alguna. No mencionamos en ningún momento el tremendo parecido a cada uno de nosotros, al igual que no sostienes la posibilidad cabida y por caber de la cantidad de vida transportada en materia bruta que puede simbolizar un riachuelo sin más. Un concepto que cambia día a día, que nace y mueren por una razón, que engorda, y se seca, y adelgaza. Que vive subidas y bajadas. Que esconde historia por dentro y muestra reflejos por fuera, que crece y disminuye, y que se junta y se separa, que carga con vida a su espalda y provoca a su alrededor, que acumula y guarda y se libra de... y que siempre es llamado por igual. Como yo.
Mencionamos arte como muestra perceptible de. Vía de escape, necesidad, historia que narra tal, o cual, de tal modo o manera. Grito de auxilio, queja, cambio, reclamo, comunicación, receptor y emisor, última palabra. Como confesión, como explosión, como llamada de atención. Vida.
Mencionamos arte como punto de partida o punto y final, ignorando el proceso anterior y posterior, ignorando motivos y estados que han llevado a... Pero no mencionamos metáfora alguna. No mencionamos en ningún momento el tremendo parecido a cada uno de nosotros, al igual que no sostienes la posibilidad cabida y por caber del alto porcentaje del autor y el público que cabe en cada muestra de tal. Un concepto que se desnuda y se esconde al mismo tiempo, que horroriza y enamora y se contradice a él mismo y a toda ley universal, que siente y hace sentir, que vive y hace vivir, que habla y escucha, y atiende, y expone, y nace y muere y resulta inmortal. Marca y es marcado, conduce y cambia y siempre simboliza lo mismo, y siempre tiene la última palabra... y siempre permanece igual. Como tú.
Mencionamos el día y la noche como estados, periodos, tiempo, ausencia de luz y oscuridad, giros de la tierra, posición planetaria, marcador de, círculo y órbita por la cual, duración, intersección entre y por, rechazo y necesidad. Realidad.
Mencionamos día y noche como aspecto y actitud, como cambio estacionado necesario y vital... pero no mencionas ninguna metáfora. No mencionamos en ningún momento el tremendo parecido a cada uno de nosotros, al igual que no sostienes la posibilidad cabida y por caber de lo lejos y lo cerca que se encuentran uno del otro. Un concepto invariable que se separa y se junta de sí mismo por la misma razón, que se aleja todo lo que puede, se acerca al mismo tiempo y además jamás llegará a estar junto ni separado... Que se parece, se refleja, se plagia y se contradice. Completamente indispensable y necesario para su propia coexistencia, imposible y factible de manera obvia. Completamente esencial para ello, ella, para ellos y ellas, para la vida misma, el tiempo, la medida, la longitud, el espacio, la duración, las etapas y toda la existencia sabida y por saber. Existente desde el principio de los tiempos... y que aún en el final existirá de una forma igual. Exactamente como nosotros...
... que mencionamos y nos olvidamos de lo fundamental.
No hay comentarios:
Publicar un comentario