viernes, 12 de diciembre de 2014

Y sus silencios están vacíos

''No siempre, ¿sabes?; pero a ratos hay algo en él, en sus ojos, en su gesto, en sus palabras y en sus silencios, hay algo en él, ¿no lo has notado?, inexplicable, oscuro, tenebroso. Su actitud entonces conmigo, la manera de mirarme y de tratarme, las cosas que me dice y el modo de decírmelo, aunque no me hable de amor, todo ello no puede definirse, pero es terrible; y me atrae, y me fascina. En esos momentos siento que hemos venido al mundo para unirnos y que ya hemos estado unidos antes de ahora. En esos momentos, tía Clotilde, ¡le adoro!... Pero esto no significa que exista en mí algo anormal, ¿acaso soy yo la única muchacha a quien le fascina y le atrae lo misterioso y lo que no puede explicarse? Y en otras ocasiones, que, por desgracia, son las más frecuentes, él reacciona, como alarmado y arrepentido de haber descubierto quizá el verdadero fondo de su alma: sus ojos miran como los de todo el mundo, sus gestos y sus palabras son los gestos y las palabras de cualquiera, y sus silencios están vacíos; se transforma en un hombre corriente; pierde todo encanto; bromea y ríe; se recubre de esa capa insulsa, hueca e irresistible que la gente llama simpatía personal... Y entonces siento que uno y otro no tenemos nada en común, y me molesta que me hable, y si me habla de amor me crispa, y no puedo soportar su presencia y estoy deseando perderle de vista porque entonces me repele y me repugna ¡y le detesto!''

ELOÍSA ESTÁ DEBAJO DE UN ALMENDRO.
Enrique Jardiel Poncela

No hay comentarios:

Publicar un comentario