No hoy, ni ayer, ni quiero que sea mañana pero
mi tapiz se inclina hacia el techo lejano
y por brisa que patina en tu piel de lunares
tan blanquita y tan suave que parece de seda
tan perlada en sudor sofocante Madrid
sonríes guardando pupilas
guapo
abiertas y enormes en prados verde y maíz
desnudo y en medio de sueños
tus dedos me bailan como el viento lo hace
en ti
por encima,
tierno.
Junio me da un calor que te mueres pero estabas tú todavía y fíjate
me cubro yo las mías -las pupilas diminutas- también
en pestañas espesas y oscuras, y cielos,
con insistencia me cierro y permito
que tus yemas rayadas de sol me bronceen
me tuesten en llamas, delicia de verano,
de dientes blancos y amor templado
dulzón e incandescente
antes de marcharme -siempre-
y provocar a tus prados sequedad de trigo
palomita quemada
y triste hambruna de septiembre.
A ti, que real me conociste
No hay comentarios:
Publicar un comentario