Hace tiempo que no os escribo porque ahora que puedo no tengo motivo. La razón es sencilla y fácil de comprender: el vacío ideal ocupa tanto espacio que no doy a basto. Pienso tanto en la nada esta última vida, que no me cabe tiempo para nada más. Y por eso las palabras se amontonan y se me escapan de entre los dientes... porque estoy tratando de engañaros con poesía que no es poesía sino aspirante a razón sin argumento. Y vosotros os lo creéis todo, porque el cerebro queda más chulo si lo relleno de aire y tos.
No sé lo que escribo hasta que no me leo, así es como vivir dos veces.
Encuentro a personas en sitios que sin techo parecían más pequeños, y relleno espacios en blanco que nunca estuvieron vacíos. Si nunca me hubiera quedado encerrada y hubiera llorado todo lo que me falta llorar no entendería de libros, de arte ni de fuego. Hablo tanto, tan deprisa y tan ligero porque no consigo entender lo que digo. Nadie ha dejado de prestarme atención porque nunca me la han dado.
No culpo ser más bonita en palabras y en papel, porque sé que escuchar ha sido siempre difícil.
Conozco a muchas personas que gritan haciendo daño. Conozco a muchas otras que suplican auxilio de suplente teatral. El mundo es difícil y no cuento con entenderlo, me gusta pensar que hay incógnitas que no será resueltas en todo lo que cabe de mar. Es más divertido sin tonos de blanco y negro en ninguna parte. Pienso, leo, escribo, existo a partir de voz ajena. Y vosotros, que pensáis que todo es vísceras y carne, tratáis de ponerle nombre a colores. A sensaciones. A mí.
Y a mí me llamáis escritora, no estando segura de saber leer.
¿No resulta hipócrita por parte aspirar a saberlo todo? ¿No resulta drástico, temerario e insensato anotar como victoria una incógnita tan trasparente como antes de existir? No somos quien para ser nada, no sabemos lo suficiente como para preguntar. Y entonces, yo digo: ¿quién os da el derecho? ¿quién sabe que es? ¿quién tiene voz?
Mientras me leáis, me escuchéis, me miréis y me penséis, voy a seguir afirmando que vivo. Fuera de aquí me limito a ser recuerdo y creencia a ojos ajenos.
Si nadie me lee no existo ni yo ni nada de lo que escribo.
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