domingo, 17 de abril de 2016

Mal tiempo

Hoy me he puesto la alarma otra vez a las seis solamente para llorar. Hace días que ya no duermo por el miedo que se atusa al pitido del reloj. 
Me gusta repetirme lo bonito que es vivir en Abril, el mes más comprensivo del mundo. Nace la primavera y se lava la cara, hasta el cielo se viste de negro... que es el color más elegante que hay. No hace falta pintarse las uñas de los pies, porque a los charcos no les importa que bailen desnudas, tampoco he encontrado nunca a nadie que enloquezca con los acordes que brama el cielo la semana tres.
Yo siempre vivo en Abril, y a veces lo odio, a veces no. 
También suelo repetirme que es mejor que así sea; Abril pega más con libros, canciones tristes y café frío. Y hay veces que no está frío, ni templado ni caliente; hay otras que ni siquiera es café... 
pero siempre que madrugo llueve dentro de mi cama, hace frío y es Abril.
Hay horas, semanas, meses incluso, que ansío el momento en que la alarma ya no pite, y me deje  levantarme, no pido tanto, a seis de julio a las tres de la tarde. He tratado de esconder ese maldito reloj bajo la cama, pero chilla tan alto que es imposible prescindir. 
Julio es más bonito, el sol quema y ríe alto... pero hoy —y siempre— todavía es Abril.

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