Selene se viste de gala las noches de inverno, que son más largas. Pasea coqueta sobre alfombras negras de brillantes y purpurina que no necesita sol. Sonríe torcida y dada la vuelta a enamorados, nostálgicos y románticos empedernidos, que son los únicos que asoman la cabeza por la ventana antes de echarse a dormir.
Para Selene todo se tiñe de sombra las noches frías, salvo ella, que baila llena de atención.
Hay noches que escucha como lobos y sirenas le dedican baladas de líricas griegas. Hay noches que se convierte en testigo de juramentos y de secretos no revelados nunca. Hay noches que orgullosa se maquilla con sus mejores talcos y fuegos artificiales vitorean su belleza. Y hay noches que cansada de esperar compañía se esconde en las sombras y nadie se percata de su ausencia.
Nadie llora cuando Selene lo hace porque ella está allí para ser paño de lágrimas. Nadie piensa en la tristeza que se acumula en el cielo las noches que solo hay estrellas para escuchar.
Selene se viste de gala las noches de invierno, que brilla más.
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