Me gritas desde dentro que te marchas,
que la calle te da miedo, y las luces parpadean
que solamente quieres dejar de escucharme llorar.
Me besas por la espalda las caricias,
que duermen e invaden pesadillas de febrero
que trastornan mentes vivas con ansias de libertad.
Me callas con las penas de cualquiera que hubiese visto
poesía más bonita que tus ojos un día soleado
rompiendo estereotipos tristes, literatos de navegante, solitario en altamar.
No
me
seas
yo
más
tiempo...
O no podré hacer otra cosa que cederte mi puesto.
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