No hay duda de que fuiste tú el que rompió en mil pedazos lo que me gustaba llamar corazón. Ahora es un simple agujero negro en mi pecho izquierdo que absorbe todo lo que se le acerca, intentando de algún modo reponerse de cada uno de sus golpes. Ya no queda nada, es más, hace tiempo que busco los trozos por las esquinas, por cada rincón, incluso bajo la cama, donde ya no me da miedo mirar porque he aprendido que los monstruos no se esconden ahí. He perdido la cuenta de los días que llevo reuniendo cachitos y uniéndolos con cinta aislante, he perdido la cuenta de los días que llevo recuperándome de todo esto. Han sido muchos, porque fuiste explosivo. Fuiste como una explosión, y me vaporizaste. Y así, era de esperar que reventara y rompiera a llorar. También he perdido la cuenta de eso, de cada una de las lágrimas derramadas. Mi problema es que me aferro, me aferro a todo aquello que pueda hacerme daño, porque en el fondo... en el fondo me gusta el dolor. En el fondo soy adicta a este, a la autodestrucción.
No se lo digas a nadie, pero fuiste el peor error que he cometido, y créeme, he cometido muchos. Por eso, creo, fuiste el que más dolió. Pero... ¿sabes lo peor de todo? Lo peor de todo es que no me arrepiento. No me arrepiento de nada. Y después, claro, ¿de dónde quieres que saque las ganas de seguir? Si fuiste a la vez mi mejor sueño y mi peor pesadilla. Si fuiste de lo que más me enorgullezco, y lo que más detesto haber hecho, ¿por qué quieres que siga en pie? Si de ti aprendí que lo que más te lastima es lo que más quieres, que nada es para siempre y que los sueños sueños son. Aprendí a no confiar y me volví de hielo. Arreglé como pude mi corazón y lo recubrí con una muralla, con una armadura antibalas. Morí, o mejor dicho, me mataste. Me mataste y me dejaste tirada, sin nada, rota, perdida. Aún sigo tratando de encontrarme. Solo veo monstruos, de esos que son imposibles de echar. Y aquí sigo, en medio de ninguna parte, persiguiendo tu rastro y soñando con despertarme de esta horrible pesadilla que me atormenta cada anochecer porque se acerca la oscuridad, y ellos, ellos se hacen más fuertes de noche, y duelen más. Sé de sobra que ya no volverá a ser lo mismo, ni ahora ni nunca, porque con un corazón roto, una mente enferma y un alma rasgada no se ama igual. Porque me perseguirán por siempre... los monstruos o tu recuerdo, lo mismo da.
No hay comentarios:
Publicar un comentario