lunes, 17 de noviembre de 2014

Mentiras

A veces veo borroso y me cuesta pensar con claridad. Diferenciar lo real de lo inventado. Lo verdadero de lo falso. Es lo que ocurre, supongo, cuando vives en un mar de mentiras y lágrimas saladas. Cuando hay tantas máscaras diferentes colgadas de tu pared que ya no sabes cuál es la que realmente encaja, acorde a tu estado de ánimo. No piensas en la posibilidad de dejar la cara al descubierto porque, sencillamente, no existe. Las mentiras son mejores, más sencillas, más prácticas y menos dolorosas. La verdad duele, es algo que siempre he dicho. El problema viene cuando una mentira se apoya en otra mentira que a su vez está basada en otra más. Es entonces cuando todo se desmorona. Y con el derrumbamiento viene, por supuesto, la caída. Amarga y dolorosa caída. Podría defender por mil razones mis mentiras, del mismo modo que podría atacarlas por otras mil, pero, ¿de qué serviría? digo, ¿conseguiría algo más que otra dolorosa caída?

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