en la ventana
que entramos con charcos en los zapatos
y tardamos tres segundos
en quedarnos en siempre
en besarnos los dedos
y en hacer
en chillidos y sexo
yemas que se hunden
y reconciliación
completa
rendidos en éxtasis
de derrota
habiendo cantado victoria
—a destiempo—.
Llueve tanto
en la ventana
que nuestros zapatos siguen mojados
y mientras me viste solo como él sabe
en agua que quema
y en un metro de largo
cabemos los dos
al ritmo de todo él nuevo y no tanto
en intentos de espuma
y rodillas heladas
y hombros que se cubren en vapor
de dos manos calientes
aún
y cuatro pies que ya no están fríos
Te he peleado porque eres tan fantasía que me cuesta
a veces
recordar que eres humano
así que perdóname tanto mordisco
porque solo te quise besar
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