domingo, 18 de diciembre de 2016

Madrid no es casa

Todo es vueltas últimamente y las luces de navidad me marean y me pierden. En casa no hay luces, ni árbol, ni casa, y tengo hormigas por la piel.
Hoy escribo a oscuras porque no quiero ver lo que pienso, y como aquí no hay niebla, ni frío, ni tiempo, no reconozco mis huellas y no lo quiero pensar. No estoy segura de haberme encontrado nunca, pero desde luego Madrid me está comiendo, y ya no sé quién soy.
Todas las mañanas me levanto de una cama que no es mía, pero que se viste como yo. No me maquillo y otras veces sí, pero lo mismo me da. Hay unos zapatos la mar de bonitos en la calle de mi casa, y llevan mirándome desde septiembre con un precio que no puedo pagar.
Me estoy acelerando y menos mal que no veo el teclado porque si lo hago me entran ganas de llorar.
En clase hablo, dibujo, escribo. Apunto y estudio y pienso y aprendo. A veces me río tanto que tengo que morderme los dedos para no chillar alto y perder todo el aire. Podría morirme de risa, lo admito. No sé respirar cuando encuentro el absurdo.
Y aún así aún no sé qué.
Leo libros y libros y paso páginas sin rumbo. Encuentro poesía que habla de besos que saben a momento y huelen a piel. No sé que es un beso y no sé si lo entiendo. No sé si he besado hasta que me acuerdo y entonces me echo a llorar.
Tengo tantas tantas cosas dentro que aún me pregunto cómo es que no sé escribir todavía.
Me encuentro con chicos y me encuentro con chicas. Los nombres se repiten y no sé siempre con quien hablo.
Siento a veces cosas que no debería, y vuelvo a casa y me cruzo con mis zapatos.
Hoy me maquilo, y salgo de fiesta. No bebo porque si bebo no controlo lo que soy. El alcohol me vuelve de mentira y me da una valentía que ha llevado años domesticar.  Así que hoy no bebo y de pronto las fotos no parecen a traición, y las canciones vuelen a durar lo justo, y mi colorete se mantiene en su sitio.
Sé bailar y sé mirar a donde quiero hacerlo. No llevo los zapatos que me gustan pero no sabes quitarme los ojos de encima igual. Y tú has bebido, y no te das cuenta. Y yo no he bebido y me corre la piel.
Tengo hormigas por el cuerpo que se cuelgan de mis uñas y me cortan el aliento con tijeras.
Vuelvo a casa y es de día, y es de noche, y es domingo. Hoy iba maquillada y las pestañas se me pegan, y si quiero darte un beso muy secreto no va a ser. Me quedo dormida en cuanto me siento, y algo vuelve a despertarme de un susto.
No sé quién soy. No sé qué siento. No sé qué hago y no sé donde estoy.
Las fiestas en casa no saben a lo mismo y allí tengo cama, y horror y asfixia
pero a pesar de haber huido y construido
Madrid hace que no sepa quién soy.
No es casa.

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